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Soy Juanlu, conocido en el mundo de la barbería y redes sociales como Sir Johnny Dude.

Empecé en este fantástico universo de la barbería casi por casualidad, o por suerte. Aunque yo no creo en la suerte, sino en la sucesión de hechos positivos o negativos, para que el “destino” nos lleve al lugar que deseamos.

Como muchos jóvenes de hoy en día, yo no sabía qué quería estudiar y a qué enfocarme para intentar trabajar de algo que me gustase el resto de mi vida, una decisión sin duda muy importante. Al no saber qué hacer, elegí dedicarme a lo que más me gustaba hacer el deporte. Por aquel entonces yo practicaba Atletismo y con los amigos jugaba a lo típico: fútbol, baloncesto… Al no encontrar nada más que me llamase la atención seguí ese camino, un poco sin un rumbo claro, ya que realmente yo no sabía si quería ser profesor, entrenador, preparador físico…

Esa decisión me llevó a los módulos de F.P. de deporte, en ellos disfruté mucho y tras sufrir en alguna que otra asignatura logré sacarlos adelante. Ahora bien, los trabajos que podía conseguir con estos módulos eran bastante limitados: gimnasios, piscina, socorrista y monitor de campamentos básicamente. Por lo tanto decidí seguir formándome y empecé a estudiar la carrera de educación física.

Y fue entonces, ya con más madurez y cabeza para replantearme las cosas, cuando me pregunte a mi mismo: ¿Quieres hacer esto?, ¿amas lo que haces?, ¿vivirás toda tu vida de esto?
La respuesta fue muy dura y difícil de traducir en mi interior, ¿Realmente quería tirar por la borda todo lo que había hecho durante 6 años de mi vida? Mi interior me decía que no quería.
Entonces fue cuando más perdido me he sentido en toda mi vida. Por el contrario si realmente no estaba convencido, tampoco quería sacrificar mi vida haciendo algo que no me llenase y me satisficiese cada día. La decisión finalmente fue dejar a un lado la vía del deporte, replantear mis expectativas laborales, y reflexionar sobre qué podía hacer con mi futuro.
Esta dura decisión la tomé tras convencerme de que si no dejaba atrás ese camino, me sería imposible avanzar al 100% en otro aprendizaje.

Los días fueron largos y los veía pasar mientras trabajaba de extra en el restaurante de uno de mis familiares y me planteaba qué hacer con mi vida. Sin saber realmente qué camino emprender, podemos decir que estaba un poco perdido, pero a pesar de todo, mi actitud siempre fue positiva y jamás me rendí. Sabía que era cuestión de tiempo.

El día mágico

El día mágico llegó practicando una de mis aficiones, el break dance, de la cual hablaré otro día. Conocí un barbero, el cual por su buena mano, me cortaba el pelo habitualmente.
Nunca lo había pensado hasta ese momento, pero un día en el que me estaba cortando el pelo, yo observaba cómo utilizaba su máquina y las tijeras en un lugar con tanto “rollo” y tanto encanto como el de una barbería de verdad. Me quedé bastante fascinado.

Hablé con ese barbero decidido, porque me llamó tanto la atención que pensé:

Quiero aprender a hacer lo que él hace y quizás este sea mi camino, mi profesión.

El barbero aceptó enseñarme y pude empezar mi formación. Así que ahí empezó mi camino en el mundo de la barbería.
Como todos los comienzos, fue muy duro, en muchos momentos pensé en dejarlo y rendirme, pero había una cosa que lo evitaba, el amor. Quizás os parezca una tontería pero cuando amas un oficio y haces realmente lo que te apasiona no puedes rendirte, ya que tu orgullo no te lo permitiría. Eso me pasó con la barbería, ya que al principio no se me daba especialmente bien, pero con mucha dedicación y toneladas de ganas, llegué a conseguir mis primeros objetivos: cortes bien ejecutados y una cartera propia de clientes.

Lo que quería destacar en este post es la gran dificultad que supuso para mí tomar la decisión de dejar de lado aquello para lo que había estudiado y trabajado tantos años, tras descubrir que no era realmente era lo que quería hacer. También decir que lo pasé muy mal durante el tiempo que estuve perdido, sin saber que estudiar ni que hacer, sufriendo algunas presiones familiares. Pero gracias a aquella dura decisión y aquellos meses sin rumbo, encontré el camino para el que estaba predestinado.

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